Tener un perro: lo que nadie te cuenta antes de dar el paso
Escrito el
El momento en el que todo cambia
Hay una escena que se repite más de lo que pensamos. Alguien ve un perro, le gusta, se emociona, se imagina paseos, compañía y momentos bonitos y en base a eso toma la decisión de adoptar uno.
Pero hay algo importante que casi nunca aparece en ese momento. La realidad completa de lo que significa convivir con un perro. No la versión de Instagram, no la versión idealizada; la real.
Tener un perro no es solo lo bonito
A lo largo de mi vida he convivido con varios perros, pero siempre de manera compartida, nunca había sido responsable al 100% de ninguno hasta que llegó Ra a mi vida. Y eso lo cambió todo, porque una cosa es convivir con un perro y otra muy distinta es responsabilizarte completamente de su vida.
Tener un perro no es un capricho o una moda, ni sólo compañía, caricias, fotos bonitas o paseos agradables. Tener un perro es una responsabilidad diaria y a largo plazo, tan largo (o tan corto) como los años que nos regale la vida para que podamos compartir junto a ellos. Y esto implica algo importante, no hay días libres.
Lo que realmente implica tener un perro
Cuando alguien me pregunta como educador canino en Úbeda cómo educar a su perro, muchas veces la conversación empieza tarde. Empieza cuando ya hay problemas, pero hay una base que debería plantearse antes.
Tener un perro es tiempo cada día no solo para pasear a hacer sus necesidades fuera de casa, si no para educar, observar, aprender, adaptarse… No es tener un rato “cuando puedas”. Es integrar al perro en tu vida real.
Es un desembolso económico (y a veces no es poco) porque una convivencia responsable implica una alimentación equilibrada y saludable, materiales de calidad y confort, consultas al veterinario (rutinarias e imprevistas), seguro, educación, imprevistos…
También es energía mental y emocional, porque no todo es fácil. Hay que armarse de paciencia y de compromiso, hay que saber adaptarse y acompañar… Es aprender a bajar el ritmo cuando haga falta, cuestionarte cosas, frustrarte en muchas ocasiones y crecer en muchas otras… Es entender que un perro es un ser con unas necesidades físicas, mentales y emocionales que van más allá de darle alimentación y techo.
Las preguntas que deberías hacerte antes
Incluso teniendo cubiertas todas estas necesidades para él, creo que también deberíamos plantearnos algunas preguntas clave. Si estás pensando en tener un perro, párate aquí, de verdad. Hazte estas preguntas antes:
- ¿Estoy preparado para tener un perro?
- ¿Encaja un perro (y qué perro) con mi momento vital actual?
- ¿Tengo tiempo real o solo intención?
- ¿Estoy dispuesto a adaptarme yo también?
- ¿Quiero un perro o quiero lo que creo que es tener un perro?
Porque hay otras formas de estar cerca de ellos. Si la respuesta no es clara, no pasa nada. Puedes ser voluntario en una protectora, acoger temporalmente en tu casa, formarte haciendo cursos o seminarios, pasar tiempo con perros de familiares y amigos. No todo pasa por tener uno y eso también es responsabilidad.
Inicios con ra (la realidad sin filtro)
Ojalá más personas supieran estas cosas antes de llevar un perro a casa, yo el primero en su día.
Me acuerdo que Ra, nada más llegar a casa, se cagó en el pasillo y mordió un cable de una lámpara porque la dejamos sola unos minutos para ir al coche a recoger sus enseres. Ahí podía haber pensado “vaya desastre”, pero eso no fue lo importante, lo importante vino después porque estas iban a ser sus únicas “trastadas” en su vida.
Se quedó 24h enteras en el mismo rincón de la casa, acurrucada, sin coger comida siquiera, aunque sí fue capaz de dormirse y eso me tranquilizó. Evidentemente, le respeté sus ritmos y necesidades, porque llegaba tras 3 meses en la calle haciendo quién sabe qué y cómo y ahora estaba en una casa desconocida con un tipo que no había visto nunca.
Tardó un par de días en acercase a mí y dejarme tocarla, un par de semanas en sentirse cómoda en la casa conmigo y un par de meses en adaptarse a la correa, la calle y demás situaciones que le producían inseguridad. Tardó meses, no días, no vídeos de 30 segundos. Tiempo real.
Yo procuré ir a su ritmo. No le exigí, no la forcé, respeté sus tiempos, aunque no siempre lo hice perfecto. Y eso también es importante decirlo, porque muchas veces buscamos hacerlo todo bien desde el principio y eso no es real.
A partir de aquí fueron aflorando algunos problemas emocionales que derivaron en problemas de comportamiento, los cuales mermaron en determinados momentos la convivencia y me frustraron por no saber ayudarla. Ra no solo cambió mi forma de convivir, cambió mi forma de ver a los perros y acabó marcando mi camino profesional, porque gracias a todo esto hoy soy educador canino en Úbeda. Y entiendo mejor lo que estás sintiendo si estás pasando por algo parecido.
Mi sensei en el mundo del perro le dice la “perrita afortunada” por haber dado conmigo, pero el afortunado he sido yo, sin ninguna duda. Quien conoce a Ra puede dar testimonio de lo increíble que es en muchos aspectos.
Y así empezó nuestro camino, nuestro aprendizaje y nuestro crecimiento juntos, que espero que siga durante muchos años porque “la perrita” no para de brindarme cosas buenas. Aunque también hay muchos momentos de frustración que hay que gestionar y problemas que hay que solucionar, no todo es color de rosa y por esto estoy escribiendo este artículo.
No todo es color de rosa (y está bien decirlo)
Vivimos rodeados de contenido bonito en redes sociales, pero la realidad incluye días complicados, retrocesos, dudas, frustración… y eso no significa que lo estés haciendo mal, significa que estás en el proceso.
A veces nos guiamos por las emociones y tomamos decisiones en base a ellas, pero en algunos casos como estos, está bien darle paso a la razón, porque con solo amor (que no es poco) no se cubren las necesidades de un perro. Un perro además de amor, que es fundamental, también necesita estructura, comprensión, rutinas, regulación emocional…
Educar no es exigir, es acompañar
La educación canina respetuosa no elimina la exigencia. La transforma. Esta frase resume todo: “Educar no es exigir resultados, es acompañar procesos”.
Procesos que llevan tiempo, no son lineales, requieren paciencia y mucha veces, requieren ayuda.
Cuando aceptas realmente lo que implica convivir con un perro dejas de luchar con él, empiezas a observar más, ajustas expectativas, te adaptas mejor, la relación cambia. No porque el perro sea perfecto, sino porque la convivencia es más justa.
Esto cobra mayor sentido si convives con un cachorro o perro joven, porque va a romper cosas, va a equivocarse, va a necesitar guía constante. Y no pasa nada, forma parte del proceso.
Un ejemplo real (y necesario) fue el caso de Dante, un cachorro que destrozaba todo lo que pillaba a su alcance, pero su tutora no le gritaba, no le castigaba, no le exigía lo imposible. Observaba, aceptaba y guiaba con acompañamiento. Eso es educación canina.
Educación canina en úbeda: una mirada realista
Si eres de Úbeda o alrededores y estás pensando en tener un perro, o ya lo tienes y sientes que algo falla, no necesitas hacerlo perfecto, necesitas hacerlo con conciencia. Y, si hace falta, con ayuda.
Lo que pretendo que te lleves al leer este artículo es que tener un perro es compromiso, responsabilidad, tiempo, adaptación. Pero también es crecimiento, aprendizaje, vínculo real.
Ra, por ejemplo, es lo mejor que me ha pasado en la vida, sin duda. Pero también ha sido un reto y gracias a eso estoy hoy aquí.
Lo que viene después
Si este artículo te ha hecho reflexionar, el siguiente paso es entender cómo convivir mejor. Te recomiendo que también leas otros artículos del blog como:
- Comunicación canina (para aprender a leer a tu perro)
- Descanso (clave para la regulación emocional)
- Paseo ideal (uno de los mayores puntos de conflicto)
Porque todo está conectado.
Si sientes que algo puede mejorar en vuestra convivencia… Y estás en Úbeda… Ahí es donde entra mi trabajo como educador canino. No para corregir a tu perro. Sino para ayudarte a entenderlo. Y construir algo más equilibrado.




