Masticación en perros: mucho más que un entretenimiento
Escrito el
Cuando un perro muerde una zapatilla, roe una pata de la mesa o se lleva un objeto a su cama, solemos pensar en cómo evitar que lo haga. Pero ¿y si, en lugar de centrarnos únicamente en lo que no queremos que muerda, le ofrecemos alternativas adecuadas para hacerlo?
La boca es una herramienta fundamental para los perros. Con ella exploran, manipulan objetos, juegan y descubren el mundo que les rodea. Por eso, prohibir que la utilicen no es la solución. Necesitamos enseñarles qué pueden morder y ofrecerles oportunidades para hacerlo de forma segura.
Los masticables (preferiblemente naturales) son una buena herramienta para ello. Pueden enriquecer su rutina, proporcionarles momentos agradables y ayudarnos a trabajar determinados aspectos de su comportamiento.
Pero no todos los perros necesitan lo mismo ni todos los masticables sirven para cualquier situación. Para aprovechar sus beneficios, debemos conocer a nuestro perro, elegir bien el producto y observar cómo responde.
¿Qué beneficios tiene la masticación para los perros?
Bienestar emocional y enriquecimiento ambiental
Masticar puede ser una actividad agradable y motivadora para muchos perros. Les permite concentrarse en algo que disfrutan, explorar diferentes texturas y dedicar tiempo a una conducta propia de su repertorio natural. Cuando la actividad resulta adecuada para el perro, puede favorecer momentos de calma y contribuir a mejorar su bienestar cotidiano.
Además, ofrecer alternativas de masticación ayuda a enriquecer el entorno y a reducir la monotonía. Esto resulta especialmente interesante para perros que pasan bastante tiempo en casa o que necesitan otras formas de ocupar su tiempo.
La masticación también puede formar parte de un proceso de modificación de conducta. Podemos utilizarla para ofrecer una actividad agradable, facilitar experiencias positivas o proporcionar alternativas a la hora de explorar objetos de casa.
Eso sí, no debemos confundir una herramienta de apoyo con una solución para todo. Un perro que tiene miedo, dificultades para quedarse solo o problemas para relacionarse con otros perros necesita un trabajo adaptado a su situación particular. Un masticable puede ayudar, pero no elimina por sí solo la causa del problema.
¿Masticar ayuda a reducir el estrés?
En determinadas circunstancias, la masticación puede favorecer la relajación. Sin embargo, no ocurre siempre.
Un perro que disfruta de su masticable en un entorno seguro puede concentrarse en la actividad y mostrar un estado corporal más relajado. En cambio, si tiene miedo, está demasiado pendiente de lo que ocurre a su alrededor o siente que alguien puede quitarle el objeto, puede resultarle difícil disfrutarlo.
Por eso, no basta con ofrecerle algo para masticar. Debemos valorar si realmente se encuentra cómodo y si la actividad le está resultando beneficiosa.
¿Ayuda a limpiar los dientes?
Masticar determinados tipos de masticables puede ayudar a reducir la placa o el sarro, pero no todos los masticables tienen este efecto. Debemos elegir productos apropiados para la dentición del perro y evitar aquellos excesivamente duros, ya que pueden provocar fracturas dentales o limar los dientes.
¿Cómo elegir el masticable adecuado?
No existe un masticable perfecto para todos los perros. Antes de elegirlo, debemos tener en cuenta qué queremos conseguir, dónde vamos a ofrecérselo y cómo es nuestro perro.
Conocer al perro
No es lo mismo un cachorro que está empezando a explorar con la boca que un perro adulto acostumbrado a masticar o un perro mayor con molestias dentales. Tampoco es lo mismo un perro dolicocéfalo (cráneo y hocico largo y estrecho como el galgo o podenco), mesocéfalo (cráneo y hocico proporcionados y equilibrados como el labrador o beagle) o braquicéfalos (cráneo y hocico corto y ancho como el bulldog francés o el carlino).
También debemos valorar:
- Su experiencia con los masticables.
- Su tamaño, edad y forma de masticar.
- Su alimentación y posibles intolerancias.
- Si tiene dolor o problemas dentales.
- Si suele tragarse objetos o fragmentos.
- Si protege sus recursos.
- Si le cuesta relajarse o concentrarse en determinados entornos.
Toda esta información nos ayudará a elegir una opción adecuada y a decidir cuándo y dónde ofrecérsela.
Empezar por lo fácil
Si queremos que el perro disfrute de la masticación, no tiene sentido comenzar con un objeto demasiado difícil para él. Podemos empezar con un masticable seguro, accesible y adecuado a su experiencia. Observaremos cómo lo utiliza y, a partir de ahí, ajustaremos la dificultad si es necesario.
No buscamos que tarde mucho tiempo en terminarlo ni que tenga que esforzarse para conseguirlo. Buscamos que disfrute de la actividad.
También debemos evitar los productos excesivamente duros, como las astas de ciervo o determinados huesos, por el riesgo de fracturas dentales. Los huesos cocinados deben evitarse y cualquier masticable requiere supervisión, especialmente cuando el perro lo utiliza por primera vez.
Si el producto se rompe, se astilla o queda reducido a un tamaño que pueda tragarse entero, debemos retirarlo de forma segura.
¿Cuánto tiempo y con qué frecuencia debe masticar?
Podemos empezar ofreciendo masticación entre tres y cuatro veces por semana, durante unos quince o veinte minutos, como referencia orientativa. Después, ajustaremos la frecuencia y la duración a las necesidades del perro y al tipo de producto. No es una norma que todos los perros deban cumplir. Algunos disfrutarán de sesiones breves y otros preferirán actividades diferentes.
Lo importante es recordar que no buscamos que el perro mastique durante mucho tiempo, sino que la experiencia le resulte beneficiosa. Si deja el masticable y se marcha, no tenemos que insistir. Si lo termina antes de lo esperado, tampoco significa que la actividad haya sido insuficiente. Lo que nos interesa es cómo la vive y qué efecto tiene en su bienestar.
¿Qué nos cuenta el perro mientras mastica?
Observar al perro durante la masticación nos aporta información sobre sus preferencias, su relación con el entorno y su estado emocional.
Si protege el masticable
Si el perro se tensa cuando alguien se acerca, cubre el objeto con el cuerpo, vigila constantemente o gruñe, puede estar intentando proteger un recurso que considera valioso. No debemos quitarle el objeto por la fuerza, acercarnos repetidamente para comprobar su reacción ni castigarlo por gruñir. Estas respuestas pueden aumentar su preocupación y empeorar el problema.
Lo adecuado es darle espacio, evitar situaciones de conflicto y revisar cómo gestionamos los recursos. Si existe riesgo de mordedura, necesitaremos ayuda profesional para trabajar la protección de recursos de forma segura. Un masticable demasiado valioso o una situación en la que el perro no se siente seguro pueden dificultar la experiencia. En lugar de ayudarle a relajarse, podría mantenerlo en tensión.
Si juega con él
Algunos perros lanzan el masticable, lo sujetan con las patas, lo transportan o alternan la masticación con el juego. No tenemos que exigirles que permanezcan quietos ni que lo utilicen de una única manera. Si el objeto es seguro y el perro disfruta de la actividad, puede explorar y jugar con él.
Si lo esconde
Esconder un masticable puede significar que el perro quiere guardarlo para más tarde, que prefiere consumirlo en otro lugar o que no se siente cómodo donde está. También puede haber comido suficiente o no saber cómo gestionar un producto nuevo o demasiado difícil. Por eso, no debemos interpretar esta conducta de una única manera. Observaremos dónde lo esconde, quién está presente y qué ocurre después.
Si no lo quiere
Que un perro no mastique no significa necesariamente que no le guste el producto. Puede que no tenga hambre, que no esté acostumbrado, que el masticable sea demasiado difícil o que el entorno no le permita sentirse cómodo.
Un perro que tiene miedo a otros perros quizá no quiera comer delante de ellos. Otro puede rechazar el masticable en un parque concurrido porque está pendiente del tráfico, las personas o los ruidos.
También puede ocurrir que un perro con dificultades para quedarse solo no consiga interesarse por la comida cuando sus tutores se marchan. No debemos insistir. Es preferible revisar el producto y el contexto, y respetar su decisión.
¿Cómo utilizar la masticación en el día a día?
La masticación puede ayudarnos en diferentes situaciones, siempre que adaptemos la propuesta al perro y a lo que queremos conseguir.
En casa, cuando se queda solo
Podemos dejar diferentes alternativas seguras para que el perro tenga opciones disponibles durante nuestra ausencia.
Si estamos trabajando un problema o trastorno relacionado con la separación, debemos comprobar primero que puede disfrutar de estos recursos sin nosotros. Algunos perros no comen ni mastican cuando experimentan un malestar importante por la separación. En ese caso, dejarle más masticables no resolverá el problema. Necesitaremos trabajar su capacidad para quedarse solo y adaptar las ausencias a lo que pueda gestionar.
Con varios perros que conviven en casa
La masticación puede ser una actividad agradable para los perros que viven juntos, pero no debemos dar por hecho que todos se sentirán cómodos compartiendo espacio.
Al principio, ofreceremos los masticables en una zona segura y supervisaremos cómo responde cada perro. Cada uno debe tener su propio recurso y suficiente espacio para utilizarlo sin que otro se acerque a quitárselo. Si alguno se tensa, vigila a sus compañeros o intenta apropiarse de los demás masticables, aumentaremos la distancia o los separaremos.
No es necesario que los perros mastiquen juntos para mejorar su convivencia. En algunos casos, disponer de espacios independientes será la mejor opción.
En el exterior, para facilitar experiencias positivas
También podemos utilizar masticables durante un paseo o en un lugar donde el perro necesite una pausa.
Por ejemplo, si un perro se siente incómodo en determinados entornos, podemos buscar un espacio tranquilo donde tenga la posibilidad de explorar y, si le apetece, masticar. La actividad puede contribuir a que viva ese momento de forma agradable, pero no debemos utilizarla para obligarlo a permanecer en un lugar que le da miedo.
Empezaremos en situaciones sencillas y aumentaremos la dificultad únicamente cuando el perro se encuentre cómodo. Si no quiere masticar, nos está dando información: quizá necesite más distancia, menos estímulos o simplemente marcharse.
La masticación como herramienta de educación canina
Antes de ofrecer un masticable, merece la pena preguntarnos qué queremos conseguir.
¿Queremos enriquecer la rutina del perro? ¿Ofrecerle una alternativa a los objetos de casa? ¿Facilitar un momento de calma? ¿Ayudarle a disfrutar de un entorno concreto? ¿O estamos trabajando una dificultad de comportamiento?
La respuesta nos ayudará a elegir el producto y el contexto.
Después, observaremos qué hace el perro: si se acerca, si lo mastica, si lo esconde, si lo termina o si prefiere alejarse. Todas estas respuestas nos aportan información para conocerlo mejor y ajustar nuestra intervención.
La masticación no es una obligación ni una solución universal. Es una oportunidad para ofrecer al perro una actividad que puede disfrutar, siempre que respetemos sus necesidades y su capacidad para elegir.
En lugar de centrarnos únicamente en prohibir lo que no queremos que haga con la boca, podemos enseñarle alternativas adecuadas y proporcionarle experiencias que mejoren su bienestar. Porque educar también consiste en comprender qué necesita nuestro perro y ayudarle a encontrar formas seguras y satisfactorias de expresarlo.




